Un primo mío tenía una enfermedad rara que lo mató con poco más de veinte años, y que hacía que toda su piel fuese una gran acumulación de lunares (tumores, en realidad). No le dejaban entrar en muchos sitios cuando salía de noche con los pocos amigos que tenía. Y la madre, que lo vigilaba de lejos cuando iba a las fiestas, que le encantaban, se alegraba de que la enfermedad también lo estuviese cegando, porque así no veía las caras de las chicas a las que les pedía bailar.
¿Cuánto sufrimiento provocan la fealdad extrema, las malformaciones, las taras físicas que nos hacen estéticamente inaceptables?
Cómo será acercarse a alguien sabiendo que en cuanto levante la mirada apenas disimulará una mueca de desagrado, y que dará igual lo que digas o cómo lo digas, porque sólo verá esa mancha, o ese miembro amputado, o ese rostro deforme, y ni te escuchará.
Cuánto sufrirán de niños (y cuánto sus padres). Y qué pensará el joven que se siente un apestado, cómo aceptará que la amistad sea casi un imposible para él, y que jamás vaya a tener una relación de pareja, que nunca vaya a pasear con alguien de la mano y nadie lo vaya a desnudar.
Es horrible, pero estoy convencido de que la mayoría de quienes padecen un problema de ese tipo aceptarían cambiarlo por otra enfermedad, aunque fuese grave y supiesen que iban a morirse antes, si eso les permitiera vivir mientras tanto con normalidad; si pudiesen ser, los años que les quedasen por delante, personas como las demás.
Cuando vi por primera vez [ojo, la imagen enlazada puede resultarles muy desagradable, no la vean si les impresionan este tipo de cosas] a este hombre en Lisboa sentí una repulsión enorme. Durante la cena de ese día tuve náuseas. Mi cuñada, demostrando ser mejor persona, sin embargo sintió pena por él. Es una persona, decía ella, cómo será su vida. Al día siguiente pude mirarlo, sí, pero no tengo ninguna duda de que mi reacción inicial es la habitual. Él pedía limosna sentado en un portal del Rossío, y la gente bajaba de la acera para no pasar cerca.
A menudo he pensado en lo duro que debe de ser, aun sin llegar a casos tan extremos, que tu aspecto te condicione tanto la vida, que se convierta en una barrera infranqueable que te impida siquiera tratar de darte a conocer a los demás. Qué soledad se debe de sentir.
Y hoy en día ese problema estético es, en muchos casos, la obesidad. Estoy seguro de que hay personas, sobre todo jóvenes, y sobre todo (lo siento, pero es así) mujeres, que sufren tanto por estar gordas, que se sienten tan despreciadas, que darían años de vida por otro cuerpo, por ser no ya guapas sino normales, por ser aceptadas, por que algún chico les hiciese caso, por que alguien las besase alguna vez con deseo. Porque son tremendamente infelices.
De: Un hombre sentado en una silla: Fealdad.
Es cierto e injusto.
ResponderEliminarTerriblemente injusto.
De todas formas la soledad les llegará a todos.
A los perfectos, también.
Es sólo cuestión de tiempo.
Rodo cae por su propio peso...
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